Durante la conferencia magistral de apertura del CONIMERA, Edwin Chavarri planteó una estructura técnica de alcance nacional para priorizar proyectos, fortalecer su maduración y gestionar integralmente la infraestructura estratégica, articulando transporte multimodal, territorio y seguridad energética con visión al 2036.

La creación de una PMO Nacional de Infraestructura Estratégica que permita convertir los grandes planes del país en una cartera priorizada y ejecutable de proyectos fue una de las principales propuestas presentadas por el decano del Consejo Departamental de Lima del Colegio de Ingenieros del Perú (CIP Lima), Mag. Ing. CIP Edwin Chavarri Carahuatay, durante su conferencia magistral de apertura del Congreso Nacional de Ingeniería Mecánica, Eléctrica y Ramas Afines (CONIMERA), Chiclayo 2026, realizada este martes en Lambayeque.
“El Perú necesita pasar de administrar proyectos aislados a gestionar sistemas de infraestructura. Una PMO Nacional debe ayudarnos a convertir la planificación de largo plazo en proyectos maduros, ejecutables y capaces de generar resultados concretos para el país, incorporando una gestión profesional de costos, plazos, riesgos y beneficios.”, sostuvo el decano, Edwin Chavarri, durante su exposición “Hoja de Ruta de la Ingeniería para la Gobernabilidad: Infraestructura y Seguridad Energética”.
La propuesta de una PMO Nacional forma parte del Eje 6: Infraestructura estratégica para la competitividad, de la Hoja de Ruta de la Ingeniería para la Gobernabilidad 2026–2036, presentada durante la Semana Nacional de la Ingeniería. El objetivo es que la infraestructura sea gestionada durante todo su ciclo de vida: planificar, financiar, ejecutar, operar y mantener; y se articule la visión territorial con una cartera priorizada de infraestructura estratégica, orientados a generar resultados para el país.
“La infraestructura estratégica genera competitividad cuando se gestiona como sistema y durante todo su ciclo de vida”, puntualizó el decano del CIP Lima.
Una brecha que sigue limitando la competitividad
Chavarri sustentó la necesidad de fortalecer la planificación y gestión de infraestructura mostrando los importantes rezagos que todavía enfrenta el Perú. Según los indicadores expuestos, el país ocupa la posición 60 entre 70 economías en el Ranking de Competitividad Mundial 2026, mientras que infraestructura se ubica en la posición 65, convirtiéndose en uno de los pilares con mayor rezago. Recordó que la brecha histórica identificada por el Plan Nacional de Infraestructura para la Competitividad alcanzó aproximadamente los S/ 363 mil millones para el horizonte 2019–2038.
En transporte, la brecha presentada asciende a S/ 160 958 millones, mientras aproximadamente el 90 % de la carga nacional se moviliza por carretera, evidenciando una elevada dependencia vial y una limitada multimodalidad. Frente a este escenario, Chavarri sostuvo que el reto no consiste únicamente en construir más infraestructura, sino en integrarla mejor.
Ferrocarriles, carreteras, puertos y aeropuertos bajo una misma visión
Como parte de la Hoja de Ruta, el decano del CIP Lima presentó la necesidad de desarrollar un Sistema de Infraestructura de Transportes Multimodal que articule las diferentes capacidades logísticas del territorio peruano. La propuesta considera una red ferroviaria de aproximadamente 20 000 kilómetros, organizada mediante seis ejes transversales y tres longitudinales; cerca de 9 000 kilómetros de carreteras de conexión; tres megapuertos y dos puertos de segundo nivel; así como cinco aeropuertos de primer nivel y diez de segundo nivel.
Esta visión busca conectar ciudades concentradoras y abastecedoras, centros productivos y plataformas logísticas, aprovechando la ubicación estratégica del Perú frente al Asia-Pacífico y así pasar de infraestructura fragmentada a un sistema que reduzca los costos logísticos y permita que la producción peruana llegue de manera más competitiva a los mercados.
Lambayeque como referencia de integración territorial
Durante su exposición en Chiclayo, Chavarri dedicó especial atención a Lambayeque, utilizando a Olmos como referencia para demostrar cómo la infraestructura integrada puede modificar la dinámica económica de un territorio.
La visión presentada establece una cadena estratégica: agua, producción, energía, logística y competitividad. El decano destacó que Olmos cuenta como referencia con una capacidad de riego de 43 500 hectáreas en su primera fase, pero el verdadero potencial territorial surge cuando la disponibilidad de agua se articula con producción agroindustrial, transformación local, energía confiable, cadena de frío, corredores logísticos y acceso a mercados.
“Lambayeque demuestra que la infraestructura estratégica puede cambiar la geografía económica cuando agua, producción, energía y logística se integran territorialmente”, señaló el Ing. Chavarri.
Infraestructura y seguridad energética deben planificarse juntas
La conferencia magistral abordó también el Eje 7: Seguridad energética y transición energética, vinculándolo directamente con el desarrollo de la infraestructura estratégica. Chavarri explicó que la energía constituye una infraestructura habilitante para prácticamente todas las actividades económicas y servicios esenciales.
Agua y saneamiento, salud, educación y conectividad digital dependen de un suministro energético seguro; de la misma manera que la minería, agroindustria, industria, cadena de frío, logística y comercio exterior requieren energía confiable para producir y competir. Por ello, la Hoja de Ruta plantea que la seguridad energética debe garantizar cuatro condiciones fundamentales: disponibilidad, calidad, continuidad y resiliencia.
El crecimiento de nuevas energías renovables deberá estar acompañado por expansión de redes de transmisión, almacenamiento, respaldo, digitalización, eficiencia energética y nuevas soluciones tecnológicas. La conclusión presentada durante CONIMERA fue clara: sin seguridad energética no hay competitividad territorial.
Una Hoja de Ruta que trascienda los periodos de gobierno
La propuesta presentada por el CIP Lima plantea una visión de desarrollo hasta el año 2036, organizada en tres grandes etapas. La primera fase, 2026–2028, propone ordenar, priorizar y asegurar continuidad, estableciendo una gobernanza de la cartera de infraestructura, asegurando activos críticos y desarrollando proyectos maduros con ingeniería, permisos y financiamiento preparados.
La segunda etapa deberá convertir esas bases en productividad mediante una mayor integración territorial. Finalmente, la visión al 2036 apunta a consolidar un Perú con infraestructura resiliente, mayor integración logística, productividad territorial y seguridad energética. Chavarri enfatizó que los grandes proyectos de infraestructura necesitan continuidad técnica y una visión que trascienda los cambios políticos.
“El desarrollo de infraestructura estratégica no puede comenzar nuevamente con cada gobierno. El país necesita planificación, proyectos maduros y capacidad profesional para ejecutarlos. La ingeniería debe aportar esa continuidad técnica que el Perú necesita”, manifestó.
Ingeniería para convertir planificación en desarrollo
Al cierre de su conferencia magistral, el decano del CIP Lima sostuvo que la ingeniería peruana debe asumir un papel más activo en la formulación y seguimiento de las grandes decisiones nacionales.
“La ingeniería aporta a la gobernabilidad cuando convierte visión en infraestructura, infraestructura en servicios y servicios en desarrollo para el país. El Perú necesita menos improvisación y mayor capacidad técnica para transformar sus grandes proyectos en competitividad y bienestar”, concluyó Edwin Chavarri su conferencia en el marco de la apertura del CONIMERA Chiclayo 2026, encuentro que reúne a profesionales de la ingeniería y constituye un espacio para analizar los desafíos tecnológicos, productivos, energéticos y de infraestructura que enfrenta el Perú.

















