El 64 % de los centros poblados rurales carece de sistemas de abastecimiento de agua y solo el 58 % de las organizaciones comunales reporta que sus municipalidades brindan mantenimiento.

El Consejo Departamental de Lima del Colegio de Ingenieros del Perú (CIP Lima) plantea que cerrar la brecha de acceso al agua potable en las zonas rurales requiere ir más allá de ampliar la infraestructura. El desafío es implementar soluciones adaptadas a cada territorio que permitan garantizar la calidad del agua, la adecuada operación de los sistemas, su continuidad en el tiempo y la participación organizada de las comunidades para que puedan involucrarse en su gestión.
Especialistas del sector reunidos en el foro “Soluciones WASH en zonas rurales: diseño, tratamiento, integración social y sostenibilidad”, organizado por el Capítulo de Ingeniería Sanitaria e Higiene y Seguridad Industrial del CIP Lima, analizaron alternativas que comprenden el tratamiento mediante filtración y cloración, la instalación y mantenimiento de los sistemas. También se analizó cómo estas soluciones pueden adaptarse y replicarse en diferentes contextos rurales.
Al respecto, el decano del CIP Lima, Ing. CIP Edwin Chavarri, destacó que enfrentar la brecha de acceso al recurso hídrico requiere incorporar el conocimiento especializado en las decisiones públicas. “Lo que queremos es ayudar al Gobierno a tomar las decisiones que corresponden y que las medidas que adopte estén sustentadas técnicamente y enfocadas en lo que requiere el país”, sostuvo.
Soluciones sostenibles de agua y saneamiento para comunidades rurales
Los expertos del sector evaluaron, durante el foro, los componentes necesarios para garantizar la sostenibilidad de los sistemas rurales, entre ellos la adopción social y la gobernanza comunitaria, la instalación y el mantenimiento, los procesos de filtración y cloración, la filtración lenta en arena y las estrategias para replicar estas soluciones en distintos contextos rurales.
En efecto, las experiencias desarrolladas en comunidades rurales de Madre de Dios y Loreto muestran un modelo en el que la población no se limita a recibir la infraestructura terminada, sino que participa en su implementación y aprende cómo funciona el sistema. Además, los comités de agua son capacitados para realizar tareas de operación, mantenimiento y reparación, mientras que los propios usuarios establecen cuotas para contribuir a financiar su funcionamiento. De esta manera, las comunidades desarrollan capacidades para gestionar los sistemas y reducir su dependencia de la asistencia externa.
Esta adaptación implica que no existe una única solución para todas las comunidades. Dependiendo del lugar y de las fuentes de agua disponibles, se pueden utilizar sistemas por gravedad, bombeo o captación de agua de lluvia. En comunidades amazónicas de difícil acceso, por ejemplo, se presentaron tanques de geomembrana, mucho más livianos y fáciles de transportar e instalar que las estructuras tradicionales de concreto. El agua pasa luego por distintas etapas de filtración y finalmente por un proceso de cloración para hacerla segura para el consumo
La participación comunitaria también continúa después de la instalación. Las experiencias expuestas contemplan capacitación y acompañamiento técnico para que los usuarios adquieran progresivamente autonomía en el manejo de la infraestructura.
Capacitación local para garantizar la continuidad de los sistemas
En el marco del foro también se presentaron experiencias en las que los propios comités de agua lograron atender problemas en sus sistemas gracias a la capacitación recibida. El objetivo es que las comunidades desarrollen conocimientos básicos para participar en su operación, mantenimiento y reparación, y puedan responder ante fallas sin depender permanentemente de asistencia externa.
Esta capacidad resulta especialmente importante en un ámbito donde todavía existen grandes brechas de infraestructura. El 64 % de los centros poblados rurales no cuenta con ningún sistema de agua, por lo que sus habitantes deben abastecerse de fuentes superficiales, manantiales, pozos o de otros centros poblados, según el Diagnóstico de la prestación de los servicios de agua potable y saneamiento en el ámbito rural.
Pero construir nuevos sistemas es solo una parte del desafío. También es necesario garantizar que los que ya existen puedan seguir funcionando. Solo el 58 % de las organizaciones comunales reporta que las municipalidades brindan mantenimiento a sus sistemas y el 48 % señala que no dispone de herramientas suficientes para realizar labores de operación y mantenimiento. Estas limitaciones pueden provocar fallas, deterioro de la infraestructura y afectar la continuidad del servicio.
Una propuesta desde la Hoja de Ruta del CIP Lima
Estas experiencias se articulan con el Eje 5: Agua, sostenibilidad y gestión de recursos naturales de la Hoja de Ruta de la Ingeniería para la Gobernabilidad del CIP Lima. La guía técnica propone implementar un Programa Nacional de Seguridad Hídrica y Gestión Integral de Cuencas, orientado a articular las inversiones en agua, agricultura, ambiente, prevención de riesgos, saneamiento y desarrollo territorial.
Las soluciones que funcionan a escala comunitaria muestran la importancia de integrar tecnología, mantenimiento, condiciones territoriales y organización local.
Descargue la Hoja de Ruta de la Ingeniería para la Gobernabilidad: https://ciplima.org.pe/hojaderuta2026/











