Análisis técnico precisa que la fragilidad no obedece únicamente a factores climáticos por lo que, ante un escenario de alta probabilidad hacia 2026, urge adoptar un enfoque preventivo.

El Perú presenta condiciones de vulnerabilidad frente al Fenómeno Niño, las cuales se ven agravadas por los patrones de ocupación del territorio nacional. Esta es una de las principales conclusiones del análisis técnico desarrollado en el programa La Hora RS-GRD de CIP Lima TV, en el que se examinó el impacto de este evento climático en la gestión territorial del país.
“El fenómeno no es el problema; el problema radica en cómo hemos ocupado el territorio”, precisó el geógrafo Víctor Luján, especialista en gestión integral del riesgo de desastres. En ese sentido, manifestó que los impactos observados en la actualidad responden, en gran medida, a procesos históricos de ocupación no planificada, expansión urbana en zonas de alta exposición y limitada incorporación de criterios técnicos en el ordenamiento territorial.
Es necesario precisar que, de acuerdo con el Centro Nacional de Estimación, Prevención y Reducción del Riesgo de Desastres (Cenepred), gran parte de los desastres se concentra en territorios con alta exposición y limitada planificación.
Crecimiento sin planificación
Lejos de limitarse a la ocurrencia de precipitaciones intensas o anomalías climáticas, el Fenómeno El Niño pone en evidencia una debilidad estructural del país: la insuficiente planificación y gestión del territorio.
El especialista señaló que una proporción significativa de la población se encuentra asentada en zonas de alta exposición, como resultado de procesos sostenidos de expansión urbana desordenada y ocupación informal del suelo.
En esa línea, explicó que múltiples ciudades han experimentado un crecimiento desvinculado de la dinámica natural del territorio. Laderas inestables, quebradas activas y zonas inundables han sido progresivamente ocupadas, en muchos casos sin sustento técnico, evaluación de riesgos ni mecanismos efectivos de control territorial.
“El territorio peruano está desordenado. Cada quien ocupa el espacio sin una lógica de planificación”, advirtió el geógrafo Víctor Luján.
Pésima articulación estatal
Asimismo, el experto indicó que a esta problemática se suma un factor crítico: la limitada articulación interinstitucional del Estado. Si bien el país dispone de marcos normativos en materia de ordenamiento territorial, desarrollo urbano y gestión del riesgo de desastres, estos presentan brechas de integración y no se traducen en intervenciones coordinadas y sostenibles en el territorio.
El resultado es un sistema que actúa tarde. Cada evento climático activa declaratorias de estado de emergencia y la movilización de recursos; sin embargo, no se abordan las causas estructurales de la vulnerabilidad. Superada la contingencia, se reanudan las dinámicas de ocupación en las mismas zonas de riesgo y bajo condiciones similares, perpetuando un ciclo recurrente de exposición y afectación.
Esta dinámica no solo incrementa de manera sostenida los costos económicos asociados a la atención de emergencias, sino que perpetúa la exposición de la población a condiciones de riesgo recurrentes.
Igualmente, infraestructura estratégica —como instituciones educativas, establecimientos de salud y redes viales— resulta severamente comprometida, afectando la continuidad y operatividad de servicios esenciales en los momentos más críticos.
Además, se evidencia una debilidad estructural en la gestión de la información. Las entidades del Estado operan con sistemas fragmentados, con limitada interoperabilidad e integración de datos, lo que restringe la capacidad de anticipación, monitoreo y toma de decisiones oportunas frente a escenarios de riesgo.
Ante este panorama, el reto es transitar de un enfoque reactivo hacia una gestión territorial planificada y preventiva, sustentada en criterios técnicos. Ello implica fortalecer los instrumentos de ordenamiento territorial, consolidar la gestión integral del riesgo de desastres y promover una cultura de prevención que permita anticiparse a los impactos.











